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Casa Taller La Paisanita
2018-2022
Construido
Encargo
Proyectistas: Manuel Gonzalez Veglia, Agustin Berzero
Dirección Técnica: Agustín Berzero
Colaboradores: Tomás Bressan
Estructuras: Edgard Moran.
Superficie: 54 m2
Fotografias: Federico Cairoli


Opuestos Complementarios
En Córdoba, en un terreno con casi 45º de pendiente, con el sonido del río y vistas hacia las sierras y las copas de los árboles, se desarrolla el proyecto. Una casa donde vivir, trabajar, escribir. Un entorno de soledad y tranquilidad que permita recuperar la capacidad de trabajo filosófico.
En un juego de opuestos complementarios, la casa apenas se apoya en patas. Mientras su cuerpo es pesado, su coronamiento es ligero. Por momentos abierta, gana las vistas y permite el ingreso del sol; por otros, se vuelve contundentemente cerrada, en busca de una conexión interior. Una arquitectura que pone en valor al paisaje.
Se accede desde arriba, desde la calle, a través de una cubierta que no supera el punto más alto del lote para no interrumpir las visuales. En un paseo de contemplación, el recorrido desciende gradualmente hasta ingresar por abajo. Este planteo, a su vez, posibilita bajar al propio terreno natural. De geometría clara, la casa define un muro de contención que resuelve el lugar de llegada en relación con la montaña. Desde allí, un puente se desprende y conecta.
Angosta, su pisada es casi como la de una “cabra” en la misma cota. Vertiginosa como su topografía, apila el programa habitando diferentes alturas, desde su terraza hasta el suelo. Desde afuera, monomaterial: una obra gruesa que emerge del lugar. Es el hormigón armado el que lo resuelve todo: la estructura y el espacio, la relación con el suelo y con el cielo. Sus muros cobran un acabado rugoso, capaz de evidenciar el paso del tiempo e imprimir en la obra el clima y los tonos del propio lugar.
Por dentro, el espacio cobra escala y se tensiona. Sus singulares proporciones, sus cambios de altura, sus aberturas absolutas o cerramientos completos, muestran o esconden el paisaje. Revestida absolutamente en madera, un material cálido en contraposición al exterior áspero, la casa deja percibir, al ingresar, su perfume tan particular.
Habitando a la altura de la copa de los árboles, un área de estar, comer, cocinar y despertar conecta con el paisaje. En contraste, un entrepiso introvertido, de planta libre, queda suspendido sobre la totalidad del vacío. Iluminado desde abajo, mediante una luz nadir, logra un ambiente que favorece la introspección de quienes lo usan. Un lugar para escribir y leer, que propone otra relación con el paso del tiempo al desconectarse del exterior, en un viaje hacia el propio interior.
Lejos de ser una construcción frágil, aparece como una nueva pieza en la montaña. Su síntesis formal es acompañada por una simpleza material. Recurriendo a una tecnología elemental y “hecha a mano”, la propuesta se reduce a pocas operaciones, poniendo en valor al paisaje desde una actitud respetuosa.
La casa no transforma la topografía natural, sino que propone diferentes situaciones en una serie de “especies de espacios”, exteriores e interiores, íntimos o abiertos, donde todo pasa… mientras el aire y el agua siguen corriendo bajo la casa.

























